
Los ojos cansado de la gitana miraban tristemente el espejo, una luz apagada, un resplandor agotado y una mentira incierta era lo único que podía percibir a través de él.
Sus ojos, cansados por el tiempo, le repetían una y otra vez que la simpleza de la vida se trataba de lo complejo. Pero la gitana no escuchaba, por el contrario, se encerraba en sus pensamientos, y era el tiempo quien se lo reprochava a cada instante.
Vieja de cuerpo, vieja de alma, una gitana perdida, desgasta, había desperdiciado la mayor parte de su vida en preocuparse por sus planes, su futuro, todo debía ser perfecto; todo podía ser cambiado, alterado, de tal forma que fuese perfecto. Pero ahora nada lo era.
La triste gitana miró el espejo; se arrancó las canas; y pintó alrededor de sus ojos un aura negra, de luto, de muerte, de tristeza. Lloró, y la misma tinta que habían marcado su dolor se esparció, cubriendo todo cuanto veía, añoraba, quería. Las grietas que el tiempo había dejado es su cara, su cuerpo, se cubrieron de ahora el líquido negro que se avalanzaba sobre ella.
La gitana, negra por fuera, negra por dentro, se centraba en lo que sus tristes ojos negros podían ver en el espejo, sin saber siquiera que podía cambiar lo que quiciese con solo desearlo, con quererlo.
Ahora el negro se volvía rojo, y las grietas que el tiempo había dejado cedieron a las nuevas grietas que la gitana causaba en su cuerpo. Tendida en el suelo, desnuda, la gitana se miraba en el espejo, se había permitido terminar con lo que apenas comenzaba, todo por ignorar que el espejo mentía.
La Perfección no es un extremo inalcanzable...
...se trata de un equilibrio estable.
martes, 30 de septiembre de 2008
Los ojos de la gitana
Supuestamente
Narrativa
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 Repercuciones:
Publicar un comentario